viernes, 25 de junio de 2010

Un grupo especial

Elías, un profeta que estuvo totalmente entregado a la obra de Dios, en un momento de su vida se vio afectado por las situaciones que lo rodeaban. Un hombre que enfrento al rey Acab, que no tuvo miedo de estar ante 850 profetas, ahora se encuentra escondido por una amenaza que recibe de la reina Jezabel. Dice el texto que “…Él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.” 1 Reyes 19:4. Elías estaba con miedo porque pensó que estaba solo, y que no tenía a nadie más como él, que siguieran los pasos de su Dios. Pero en el versículo 18 Dios le dice que no estaba solo y que habían 7 mil rodillas que no se habían doblado para adorar a Baal. No solo en esta historia, sino que en muchas otras de la Biblia, encontramos el concepto de un grupo especial. Este pueblo separado por Dios es el remanente, del cual estaremos hablando a continuación.
El remanente siempre estuvo presente durante toda la historia del mundo. Dios siempre preservo un grupo de personas fieles que mantuvieran la adoración pura y verdadera. Desde Abraham, pasando por el pueblo de Israel, Daniel y sus amigos, los Valdenses, y finalizando con nosotros, los Adventistas del Séptimo Día.
Quizás nos podemos preguntar, ¿Cuántos tipos de remanente existen? La pregunta que hacemos nos lleva a investigar que cualidades debe tener el remanente, y sabiendo eso podemos responder si existe más de un remanente. Según Apocalipsis 12:17 y 19:10, podemos ver que el remanente debe tener el testimonio de Jesús, guardar los mandamientos y poseer el don del Espíritu de Profecía. Estas son las tres características esenciales que debe poseer el remanente. Pero sería interesante que podamos comenzar a ver qué significa cada uno de los términos que dicen los textos. Tener el testimonio de Jesús, es sin duda creer que el existe, creer que Él es el hijo de Dios que vino a morir por nosotros para darnos salvación. Guardar los mandamientos, se refiere a los mandamientos que Dios le entregó al pueblo de Israel, esos mandamientos que siguen en vigencia, porque Dios no cambia. Y el último punto, es el de poseer el don del Espíritu de Profecía. Que no solo se refiere a tener en sus filas un profeta o profetiza, sino el de tener la capacidad de interpretar correctamente las profecías dadas por Dios en su Palabra. Sin duda alguna lo vuelvo a mencionar, los Adventistas del Séptimo Día, somos el pueblo remanente de Dios en este tiempo. No hay ninguna otra denominación que cumpla con estos requisitos bíblicos para ser el remante de Dios aquí en la tierra. Creo y estoy seguro de eso. Esto no quiere decir que todo el que pertenece a la iglesia Adventista se salvará. La salvación nuestra siempre depende de nosotros y de nuestra relación con Dios. Pero el pueblo que tiene las características sin dudas es el pueblo Adventista.
El remanente de Dios debe ser un pueblo totalmente consagrado y que haga la voluntad de Dios en todo. Elena White dice lo siguiente: “El pueblo remanente de Dios debe ser un pueblo convertido. La presentación de este mensaje debe tener por resultado la conversión y santificación de las almas. El poder del Espíritu de Dios debe hacerse sentir en este movimiento. Poseemos un mensaje maravilloso y definido; tiene una importancia capital para quien lo recibe, y debe ser proclamado con fuerte voz. Debemos creer con una fe firme y permanente que este mensaje irá cobrando siempre mayor importancia hasta la consumación de los tiempos.”
Sin duda como pueblo de Dios debemos hacer lo mejor que esté a nuestro alcance, debemos asemejarnos a Él y llevar su evangelio de salvación a muchos de los que hoy se encuentran sin esperanza y que están sin saber de las verdades que la Biblia presenta. Es nuestro deber como remanente, ayudar en la predicación del evangelio y sembrar la semilla, para que cuando llegue el día en el que Dios llame a su pueblo, que está en Babilonia, lo podamos recibir.

jueves, 3 de junio de 2010

Un juicio favorable

Sin miedo al juicio, es un libro que me ha llamado mucho la atención. El autor es Roy Gane y al leerlo pude plantearme el tema del juicio de una manera distinta.
El pueblo de Israel tenía esta ceremonia una vez por año y era un momento de suma importancia ya que aquí se realizaba la expiación o limpieza del santuario. En este momento el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo y lo que hacía era colocar más sangre donde ya se había puesto sangre durante el año. La pregunta es ¿por qué tiraba más sangre en donde ya había? ¿Los pecados ya no habían sido perdonados?
Es un asunto interesante descubrir el por qué de esta situación. Primero tenemos que saber que cada día del año las personas sacrificaban corderitos por sus pecados y la sangre era llevada dentro del santuario para simbolizar el perdón. Este único día del año llamado día de la expiación o purificación del santuario se hacía lo mismo, se llevaba la sangre adentro del santuario y se la esparcía donde ya había sangre. Si es un día de purificación, lo correcto sería limpiar todos los lugares en donde había sangre, la cual había sido esparcida durante todo el año. El día de la expiación simbolizaba el día de la confirmación del perdón de los pecados de todo el pueblo, era el momento en el cual no se perdonaba a nadie sino que se aseguraba el perdón de aquello que fue confesado.
En el cielo también existe un santuario, en el cual Cristo está ministrando en él en este momento. Si Jesús que es nuestro sumo sacerdote está allí ahora, ¿Qué está haciendo? Sin duda lo está purificando. ¿Pero qué significa esa purificación? Este no es un momento en el cual Cristo está perdonando los pecados allí, sino que Él lo que está haciendo es la confirmación de los nombres de aquellas personas, que confesaron sus pecados y creyeron que por medio de su muerte en la cruz, encontrarían la salvación en Él. Cristo ya pagó y llevó nuestros pecados sobre Él cuando murió en la cruz, ahora se debe hacer un juicio en el cual se vea claramente quienes fueron los que creyeron en él e hicieron su voluntad. Simplemente es un hecho que confirma a los que serán salvos y a los que no lograrán la salvación.
Por lo tanto amigos, el juicio no debe ser un día de miedo para nosotros, sino de alegría, porque es aquí en donde Dios confirma que nuestro nombre estará escrito en el libro de la vida. Por eso confiemos en Jesús y dejemos que Él se haga cargo de nuestra vida.

jueves, 27 de mayo de 2010

Miedo ¿Yo?, No, ni ahí. ¿Eso no está mal?

Muchas veces pensamos que por ser cristianos nosotros no debemos temerle a nada o que no vamos a tener miedo de ciertas cosas. Conozco personas que le tienen miedo a las arañas, a las serpientes, al viento, a la oscuridad. Diferentes tipos de miedo. Y otros que dicen que si tienes miedo es porque tienes poca fe, o quizás ni tengas fe. La verdad sobre esto es lo que vamos a descubrir en la historia de cuando Jesús calma la tempestad.
El primer punto es que Jesús les dijo que cruzaran el lago, o sea fue una orden de Cristo. Ellos asumieron su deber como discípulos, y comenzaron a cruzar. La cosa es que se levanta un viento muy fuerte y las olas también eran bastante peligrosas para las embarcaciones de la época. Y más si le sumamos que el agua para los israelitas no era algo que les gustara tanto. Le tenían miedo al agua. Imagínese estar, de noche en una barca, luchando contra las olas, y ver que prácticamente se hunde el bote, y que esta en el medio de ese gran lago. ¿Sentiría miedo o no? La verdad que no hay otra respuesta que sentir miedo. Los discípulos recurren a su maestro para que los ayude y le recriminan el hecho de que el está durmiendo en vez de ayudarlos. Entonces Jesús se levanta y dice que se calme la tormenta, reprende al viento y todo se hace de paz.
La pregunta es, ¿Está mal tener miedo? ¿Ellos deberían haber confiado más o hicieron lo correcto?
Nosotros como hijos de Dios por más confianza que tengamos en Él seguimos siendo humanos y por lo tanto el miedo es común en nosotros. Si no veamos a Adán y Eva luego de pecar, se escondieron porque tuvieron miedo, Jacob huyo de su hermano Esaú porque tuvo miedo de él, Moisés no quería ir a Egipto porque tenía miedo del Faraón y de la gran tarea que Dios le ponía enfrente. Esto es algo natural, pero lo bueno es que Dios suple nuestras flaquezas.
Si bien muchas veces pensamos que el miedo es un problema, vemos que en realidad, el miedo hace que nos demos cuenta de algo. Cuando somos chiquitos y tenemos miedo, corremos enseguida a los brazos de nuestros padres, porque en ellos nos sentimos seguros de cualquier peligro. El miedo es algo natural en el ser humano y por lo tanto hay que aprender a tratar con el. Muchas personas cuando tienen miedo lo que hacen es volverse corajudas, o más envalentonadas, creyendo que solas lo pueden vencer al problema que tienen. Muchas veces lo logran pero muchas veces no. Como cristianos el miedo es un problema que tiene solución y esa solución está en Cristo. Es a Él donde nosotros nos dirigimos cuando sentimos miedo. Nosotros creemos que Dios tiene la solución a todas las cosas que nos producen miedo. Por eso el miedo conduce y está ligado a la fe. Si no veamos la historia que estamos estudiando. Los discípulos hicieron todo lo posible para salvar el bote y tenían miedo, entonces recurrieron a lo que a ellos les daba seguridad. JESÚS. Nosotros somos muy parecidos, porque cuando nos pasan cosas en seguida intentamos solucionarlas por nuestros propios medios y no nos damos cuenta de que Dios está ahí para ayudarnos. Lo que tenemos que hacer es simplemente pedirle que nos ayude. El miedo nos conduce a tener fe a confiar en Jesús que es el único que nos da la salida.
Miedo es algo que a nadie le gusta tener, pero es una de las experiencias de la vida que nos ayudan a crecer personalmente y espiritualmente.¿ Por qué? Muy simple, porque cuando tengo miedo, acudo a Dios para pedirle ayuda y la respuesta a mi pedido es dada, así que de ese momento en mas yo entiendo que Dios me ayuda siempre. Es como que mi fe va madurando cada vez que paso algo al lado de Cristo, mi fe crece, y mi experiencia personal también, lo cual hace que yo pueda ayudar a otra persona que también está padeciendo un problema igual. Dios nos está ayudando siempre y nos toma de su mano para caminar. Dios calma las tempestades de nuestra vida, deja nuestra vida en paz. Ahora, ¿Qué es lo que tengo que hacer para lograr eso?. Simplemente creer en Él y confiar que no hay problema que no pueda solucionar. Porque así como lo dice Jeremías 32:17, así es como Dios actúa, el no tiene imposibles, nosotros debemos tener más fe en que Él puede hacer cosas grandes y librarnos de problemas grandes que nos dan miedo. Por eso hoy tenemos que comenzar a confiar más en Jesús y cada vez que tenemos miedo, no luchar solos, sino luchar tomados de la mano de Cristo.

domingo, 16 de mayo de 2010

Un consejo repetido

Cuando siento que estoy pasando por problemas un poco complicados, además de buscar el consejo de mis padres y amigos, me gusta leer el libro de Proverbios. Para mí este libro es especial por las enseñanzas que contiene para cada ocasión y para momento de nuestra vida. Pero esta vez que lo leí fue diferente, en la veces que lo había leído no noté algo que era según a mi criterio lo más importante del libro.
Entre el capítulo 1 y 2 me di cuenta que algo se estaba repitiendo muy a menudo, y quise averiguar si en los demás capítulos también estaban presente estos consejos. Así fue que empecé a estudiar este libro de manera distinta. En el segundo capítulo de Proverbios, en el versículo 1 y hasta el 6, encontramos el consejo que se repetirá por todo el libro. Este consejo se da en diferentes formas y con diferentes palabras pero insta a hacer el miso acto, que es este: “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento a tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de YHWH, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque YHWH da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.” Este consejo muy valioso está diseminado por todo el libro. Se lo encuentra casi que escondido, porque hay momentos en que le tema que se habla es otro y de repente como “perdido” allí aparece el consejo de seguir y cumplir los mandamientos de Dios para ser feliz y tener sabiduría.
A la conclusión que llego con todo esto es que si yo leo proverbios, me parecerá un libro genial y muy bueno para recibir consejos. Pero si yo no tomo esos consejos partiendo de la base de seguir los mandamientos de Dios, de nada me servirán. Estos consejos son para personas que quieren hacer la voluntad de Dios, no son simplemente dichos al azar. Y me gustaría terminar el texto con la parte de proverbios que más me impresionó. Las 7 cosas que YHWH odia. 1- Los ojos altivos. 2- La lengua mentirosa. 3- Las manos derramadoras de sangre inocente. 4- El corazón que maquina pensamientos inicuos. 5- Los pies presurosos para correr al mal. 6- El testigo falso que habla mentiras. 7- El que siembra discordia entre hermanos.
La verdad, da para pensarlo, ¿Estás haciendo algunas de esas 7 cosas que a YHWH no le gusta?

lunes, 26 de abril de 2010

Precisamente no era estatua.

Hace unos cuantos días atrás, estábamos en el comedor de la UAP (Universidad Adventista del Plata), desayunando con Eduardo Kahl. Entre otras cosas que hablamos surgió un tema interesante, la estatua que Nabucodonosor mandó hacer, ¿era realmente una estatua o era otra cosa? Nos pusimos a discutir ese tema y a analizar las posibilidades de cómo podría ser. Lo interesante que ese tema lo empezamos a hablar como a las 6:45 de la mañana, bastante dormidos aun. Pero bueno, seguimos hablando y formulando hipótesis de cómo era la famosa estatua. Llegamos a la conclusión de que por las medidas que tenía la estatua, no sería una estatua con forma humana sino que sería mas parecido a un obelisco, pues si era una estatua con forma humana sería totalmente desproporcional. Las medidas de la estatua según lo que dice el libro de Daniel era de 60 codos de alto y 6 de ancho. Esto en metros equivale a 27 metros de alto y a 2,70 metros ancho, lo cual es muy desproporcional. Así que una de las ideas que se nos vino a la mente como ya mencioné, era que esta estatua podría haber sido un obelisco. El próximo paso que dimos fue ver que medidas tiene el obelisco de Buenos Aires, en Argentina. Investigamos en internet, y vimos que la medida que tiene es de 67 metros de alto y de 7 metros de ancho. Lo interesante es que la "estatua de Nabucodonosor", tiene en sus medidas algo así, solamente que es proporcionalmente menor en tamaño que la de Buenos Aires.
Días después leyendo el libro "Secretos de Daniel", del autor Jacques B. Doukhan, pude ver que el autor también tiene ese mismo pensamiento que Eduardo y yo estábamos teniendo de esos textos. Esto confirmó que esa forma de pensar puede ser un pensamiento válido para interpretar ese texto. Si en algún momento ustedes quisieran verificar esto, vayan al libro mencionado y en la página 46 van a encontrar esta misma idea mencionada en este texto.
Espero que les haya gustado, ya vendrán mas descubrimientos descubiertos.
chau