jueves, 3 de junio de 2010

Un juicio favorable

Sin miedo al juicio, es un libro que me ha llamado mucho la atención. El autor es Roy Gane y al leerlo pude plantearme el tema del juicio de una manera distinta.
El pueblo de Israel tenía esta ceremonia una vez por año y era un momento de suma importancia ya que aquí se realizaba la expiación o limpieza del santuario. En este momento el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo y lo que hacía era colocar más sangre donde ya se había puesto sangre durante el año. La pregunta es ¿por qué tiraba más sangre en donde ya había? ¿Los pecados ya no habían sido perdonados?
Es un asunto interesante descubrir el por qué de esta situación. Primero tenemos que saber que cada día del año las personas sacrificaban corderitos por sus pecados y la sangre era llevada dentro del santuario para simbolizar el perdón. Este único día del año llamado día de la expiación o purificación del santuario se hacía lo mismo, se llevaba la sangre adentro del santuario y se la esparcía donde ya había sangre. Si es un día de purificación, lo correcto sería limpiar todos los lugares en donde había sangre, la cual había sido esparcida durante todo el año. El día de la expiación simbolizaba el día de la confirmación del perdón de los pecados de todo el pueblo, era el momento en el cual no se perdonaba a nadie sino que se aseguraba el perdón de aquello que fue confesado.
En el cielo también existe un santuario, en el cual Cristo está ministrando en él en este momento. Si Jesús que es nuestro sumo sacerdote está allí ahora, ¿Qué está haciendo? Sin duda lo está purificando. ¿Pero qué significa esa purificación? Este no es un momento en el cual Cristo está perdonando los pecados allí, sino que Él lo que está haciendo es la confirmación de los nombres de aquellas personas, que confesaron sus pecados y creyeron que por medio de su muerte en la cruz, encontrarían la salvación en Él. Cristo ya pagó y llevó nuestros pecados sobre Él cuando murió en la cruz, ahora se debe hacer un juicio en el cual se vea claramente quienes fueron los que creyeron en él e hicieron su voluntad. Simplemente es un hecho que confirma a los que serán salvos y a los que no lograrán la salvación.
Por lo tanto amigos, el juicio no debe ser un día de miedo para nosotros, sino de alegría, porque es aquí en donde Dios confirma que nuestro nombre estará escrito en el libro de la vida. Por eso confiemos en Jesús y dejemos que Él se haga cargo de nuestra vida.

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